Impuestos y patriotismo

Panama Flag --- Image by © Amos Nachoum/Corbis

Por: Carlos Eduardo Rubio
Abogado,  Subsecretario General Nacional del Partido Popular (PP) de Panamá

Los impuestos tratan de una contribución, carga o tributo que hacen las personas naturales y jurídicas para sostener los gastos del Estado. Sin embargo, éstos no son los únicos ‘ingresos’ que tiene el Estado panameño para poder cumplir con las labores encomendadas por la Constitución Política, que básicamente son las de administrar justicia, y velar por los derechos sociales e individuales. Estos ‘ingresos’ pueden ser también por peajes, multas, sanciones o donaciones por acuerdos con organizaciones internacionales o países aliados.

Depende del sistema político del país, su política fiscal, o la visión del gobernante de turno, el tamaño del Estado y por ende, el porcentaje y cantidad de impuestos que establezca la Ley. Por lo anterior, en Panamá existen impuestos sobre la renta, impuestos de transferencia de bienes y servicios, impuestos municipales, entre otros, quedando prohibido el impuesto para el ejercicio de las profesiones liberales y de los oficios y las artes, o la gestión y actuación de la administración de justicia, conforme a lo establecido en los artículos 40 y 201 de la Constitución Política.

Los impuestos son dinero de todos y de las futuras generaciones. El nombre de ‘primer mandatario’ al hacer alusión al Presidente de la República trata de que le haga el mandado al pueblo, quien es el mandante. En el contrato de mandato, según Manuel Osorio, el mandatario es el que acepta de modo expreso o tácito, el encargo que el mandante le da para proceder en nombre y por cuenta de éste en uno o más asuntos. Es decir, las arcas del Estado no son del Presidente, pues éste es un administrador. Por ello, trata de un gran error decir que tal obra es de tal mandatario, y otro gravísimo error, ponerle su nombre, por ejemplo, a una ciudad hospitalaria.
En ningún caso, sin importar ideología, los impuestos deben ser para ahorrar fondos, pues esto quiere decir que se está tasando más de lo necesitado. La política de Estado es la que va a decir, por mandato del pueblo, qué tanto requiere el Estado para poder erradicar la pobreza o solucionar los problemas de salud, transporte, educación, vivienda, y en términos generales, buscar la felicidad de la gente.
El punto neurálgico de este artículo es que los panameños conozcamos nuestros derechos y sepamos que el Presupuesto de la Nación es de todos. Lo anterior se debe a que veo como los panameños nos molestamos de sobremanera si nos llegan a robar algo material, pero contrario a los movimientos de Turquía, Egipto, Brasil o Costa Rica, poco hacemos ante el despilfarro corrupto y los sobreprecios del gobierno. Tampoco veo luchas para que las riquezas producto de ese crecimiento económico que tanto se alardea, se transforme en desarrollo. ¿O es que usted no paga impuestos?

Siendo así, escuchar frases como ‘todos los gobiernos roban’ o ‘la administración Martinelli roba, pero hace obras’ es un gran cinismo y un crimen de lesa patria. La corrupción es un delito (y te vuelve antisocial), al igual que estafar o matar. Simplemente debería ser algo intolerable, pues sabiendo que el desarrollo de los países es principalmente mental, tenemos que precisamente cambiar la actitud y fortalecer las instituciones para que todo aquel que le hace daño al país y cometa delitos, sea sancionado. ¿O es que la corrupción no destruyó países como Grecia, España o Venezuela?

Estoy seguro de que en algún momento esto va a cambiar. En el pasado existían refranes en países del sur como: ‘Ladrón o no Ladrón, queremos a Perón’ o ‘Queremos a Carlos Andrés, lo queremos tal como es’. Esto hace alusión a los desaparecidos Juan Sebastián Perón de Argentina, o Carlos Andrés Pérez, de Venezuela, que a pesar de sus bondades y aciertos, se dedicaban a medidas populistas, muy parecidas a la administración Martinelli, donde ya sea ellos o sus allegados básicamente ‘se roban la casa y te devuelven las pailas’. ¿Con esto nos tenemos que contentar?

Lo último que hace un patriota es dejar que le hagan daño a su patria. Yo entiendo que Panamá es un país sumamente chico y que todos se conocen, y además hemos sido objeto de defraudaciones de gobernantes que poco han hecho por el pueblo. Recordemos que el populismo son ‘medidas de gobierno populares’, destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al Estado democrático, y generalmente para perpetuarse en el poder y seguir con su juega vivo y corrupción. Las próximas generaciones no nos aceptarán que dejamos que destruyeran el país ¡Seamos patriotas y no dejemos que sigan robándole a Panamá!

 

La Estrella, 5 de Julio de 2013

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