La democracia: Entre la anarquía y el autoritarismo

Benjamín Santos.

Miembro de la comisión política del Partido Demócrata Cristiano de Honduras (PDCH)

La anarquía es el desorden por falta de autoridad y el  autoritarismo es el orden basado en el temor por exceso de la  misma. En la historia puede verse que ambos extremos se  juntan, que el desorden lleva a la dictadura y que una  dictadura prolongada conduce a un deseo desmedido por la  libertad individual que lleva de nuevo a la anarquía. Ambas  figuras políticas se conocen desde la antigüedad. Los griegos  inventaron la democracia hastiados de los gobiernos  autoritarios y sus abusos, primero los reyes y  luego los 30 tiranos. Roma se cansó de sus  primeros siete reyes, el último de los cuales  pasó a la historia como Tarquino el Soberbio e inventó la república como un equilibrio de poder entre los dos cónsules, el senado y la asamblea, pero luego derivó a la forma imperial sin eliminar la organización republicana, pero concentrando de nuevo el poder para agilizar las decisiones que urgía el gobierno de un territorio tan extenso.

Casi todas las revoluciones de la historia, hechas en nombre de la libertad y la justicia, han caído en la dictadura. La revolución francesa cayó en la época del terror en la cual los líderes revolucionarios terminaron llevándose unos a otros a la guillotina y luego los franceses cansados del desorden terminaron restableciendo la odiada monarquía hasta llegar a la V república que combina desde 1958 el presidencialismo con el parlamentarismo. La revolución rusa de 1917 pasó por Lenin y cayó en los 30 años de la dictadura de Stalin cuyos excesos fueron denunciados posteriormente en el 20 congreso del partido comunista. La Guerra Civil Española, después de un baño de sangre que horrorizó al mundo y dio origen a expresiones en el arte como la pintura de Picasso y la poesía latinoamericana de quienes la vivieron como Neruda y César Vallejo, terminó en los 40 años de dictadura franquista y en la posterior vuelta a la monarquía en mejores condiciones.

 

En la teoría y en la práctica, la democracia es el resultado de un delicado equilibrio entre el ejercicio responsable de la libertad individual por parte de los gobernados y el ejercicio moderado de la autoridad por parte de los gobernantes. La ruptura de ese compromiso socio-político conduce al colapso del sistema democrático bien por exceso de libertad porque cada quien hace lo que le da la gana en perjuicio del bien común o bien por exceso de autoridad porque lo que no está ordenado está prohibido sin dejar espacio a lo permitido que es el ámbito de la libertad individual. Ambas conductas requieren un proceso de educación y una cultura democrática como producto de un largo ejercicio en el marco de un sistema estable. Un pueblo sometido por largo tiempo a una dictadura tiende a caer en la anarquía y viceversa, un pueblo acostumbrado al desorden tiende a resistirse a la autoridad aún en dosis necesarias.

Las reflexiones anteriores vienen como anillo al dedo para analizar la situación de Honduras. En nuestra historia hemos pasado alternativamente de la anarquía a la dictadura y cuando creíamos que habíamos encontrado el punto medio por primera vez en la primavera democrática de las últimas décadas nos vemos abocados en el actual proceso electoral a optar entre la continuación del desorden o la opción por un gobierno que en nombre de la necesaria autoridad nos pueda llevar de regreso a un régimen autoritario. Esta situación es como que a un condenado lo pongan a optar generosamente entre la horca o el fusilamiento.

Es indudable que hay en Honduras una crisis de autoridad desde la familia hasta el gobierno pasando por la sociedad civil. El secretario de educación, Marlon Escoto, podría contarnos en detalle cómo cuesta poner orden donde hubo anarquía por mucho tiempo sin caer en excesos. ¿Es posible todavía restablecer el orden sin caer en el autoritarismo con un pueblo que apenas empieza a adquirir la experiencia democrática y que se encuentra acosado por las necesidades básicas insatisfechas? Un pueblo así, nos lo enseña la historia, se lanzará en manos del primer dictador mesiánico que le ofrezca una vida mejor. La decisión en las elecciones actuales es crucial. PENSEMOS.

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